3 buenas cervezas de gigantes estadounidenses.


Hoy me apetece compartir con vosotros las notas de tres cervezas elaboradas por dos gigantes de la industria como son Boston Beer Company y Sierra Nevada, respectivamente la segunda y tercera cervecera en volumen de ventas dentro de las crafts estadounidenses (5ª y 7ª respectivamente si tenemos en cuenta también las cerveceras no “craft”, según la Brewers Association*). Pero esos números y su enorme tamaño no van reñidos con que sus productos sean frecuentemente muy recomendables, como es el caso que nos ocupa.

Sierra Nevada Pale ale.

La primera de las tres es un clásico entre los clásicos, una elaboración icónica ya que su etiqueta verde es una de las primeras que me vienen a la mente no solo cuando pienso en el estilo American Pale Ale sino también cuando me remonto unos cuantos años atrás y recuerdo aquellas primeras cervezas que llegaban por estos lares y que tenían el lúpulo como protagonista. Pese a que hoy en día pasa más desapercibida por la vasta oferta que disponemos en las tiendas, tuve ocasión de reprobarla para escribir este post y la disfruté realmente muchísimo.


Servida en copa ofrece un color brillante, entre ambarino y cobrizo, con una espuma blanca de fácil formación y de persistencia media. En nariz destacan sobre todo las notas frescas a limón y también en menor medida a naranja, así como un punto herbal, a caramelo y bizcocho. En boca posee un trago muy redondo, nuevamente cítricos, notas herbales y a cereal, con un punto amargo y resinoso notable, acentuándose a medida que avanza el trago, y dejando un final largo, amargo y seco, aunque nada cansino por la buena base de fondo. Trago limpio y directo, sin demasiadas distracciones, fresco y chispeante por la carbonatación. Un clásico que siempre merece la pena reprobar mientras que esté fresco. Además, y como curiosidad, si queréis identificar el lúpulo Cascade y no tenéis ninguna single-hop a mano con este lúpulo, echadle un tiento a esta cerveza ya que el Cascade es muy reconocible en este caso.

Samuel Adams Rebel IPA.

Saltamos de la costa oeste a la este y a diferencia de la anterior, en este caso nos encontramos una elaboración bastante nueva en comparación con otras cervezas de la casa como puede ser su clásica Boston Lager. Se trata de una West Coast IPA de 6,5% y 45 IBUs elaborada con lúpulos Cascade, Simcoe, Chinook, Centennial y Amarillo.


Servida en copa posee un color ambarino muy limpio, sin posos ni turbidez, con un torrente intenso de burbujitas minúsculas que ascienden vigorosamente hasta formar una espuma blanca, esponjosa y de buena retención. En nariz destaca el golpe a lúpulos aromáticos, especialmente herbales y resinosos, y más de fondo también ligeramente cítricos. También aparecen recuerdos leñosos y a fruta madura como el albaricoque, y por debajo hay una buena base maltosa, destacando notas a caramelo pero también ligeramente a cereal. Ya en boca vuelven a aparecer las mismas notas descritas en nariz, destacando los recuerdos a resina, pino y algo leñosos, junto con las notas a melocotón (suaves) y ligeramente cítricas. Carbonatación viva pero fina, final amargo, muy limpio y no agresivo. En definitiva se trata de una cerveza muy fresca, aromática, balanceada y bebible que puede gustar a los amantes del lúpulo pero con miras a públicos más amplios y también menos iniciados.

Sierra Nevada Kellerweis.

Por último volvemos a cruzar los Estados Unidos de costa a costa para detenernos en California con una elaboración bastante atípica dentro del catálogo de Sierra Nevada, cervecera más dada a elaboraciones con el lúpulo como protagonista. Se trata de una cerveza de trigo (weiss) con lúpulos Perle y Sterling que alcanza los 4,8% de alcohol y perteneciente a la gama de elaboraciones fijas de la cervecera californiana. Su nombre, he de reconocerlo, me descoloca ya que no sé si pretende conjugar los nombres de dos estilos alemanes como el de las Kellerbier y las Weisse, o quizás tiene que ver con la particularidad de que se elabora en fermentadores abiertos a diferencia de la mayoría de cervezas actuales.


Más allá del bonito color anaranjado de mediana turbidez, en copa sorprende primeramente su espuma, menos vigorosa y persistente que no tarda en quedar reducida a un fino anillo, cosa explicable por una carbonatación aparentemente menos viva, características a priori poco asociadas a las clásicas Weizen alemanas. En nariz destacan en primer lugar los recuerdos especiados a clavo y recuerdos a fruta madura de hueso (también algo de banana pero no tan excesiva como en las clásicas Weizen). De fondo aparece cereal crudo, masa de pan y ligeros recuerdos cítricos. En boca posee una entrada con una carbonatación viva y un trago refrescante, con una textura ligeramente sedosa pero nada que ver con la clásica cremosidad de las Weizen alemanas, y destacan las notas a pan y cereal acompañadas del citado punto especiado. Se trata de una weizen distinta, con menos cuerpo y que llena menos el paladar en comparación con las clásicas bávaras, y donde la levadura ofrece notas más a fruta madura de hueso y menos a banana. 

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Y esto es todo por hoy. En resumen estamos ante tres cervezas recomendables y a precio competitivo pese a venir del otro lado del Atlántico. No quisiera terminar sin agradecer una vez más a Crusat el detalle de mandar estas muestras para disfrutarlas así como la total libertad para opinar sobre ellas, como siempre.

Salut!